Valle-Inclán se sirvió de dos fuentes principales para la concepción de la obra: de los cuentos universales, a los que añadió el toque personal de su genio creador; y de las fuentes literarias cervantinas, en las que predomina la farsa.
El autor da rienda suelta por primera vez a su incomparable humor y con afable jovialidad se burla de un sinfín de instituciones españolas. Es fácil deducir que está deformando los elementos culturales por medio de la parodia y de la exageración. Esto es la farsa, se ha abierto el camino hacia el esperpento. Por todo lo anteriormente mencionado nos hemos animado a romper con el espacio escénico tradicional de marionetas, haciendo uso de todo el espacio teatral pudiendo así crear diferentes mundos y dimensiones, los cuales nos permiten expresar con marionetas de hilo, gigantes, máscaras y pupi siciliano, realizando una composición musical especialmente creada para la obra.